3/31/2008

Errores y Horrores, Ediciones Baquiana, Miami, 2000; En el tiempo de los adioses, Ediciones Aglaya, Murcia, 2003; Poemas desde Church Street, Baquiana, Miami, 2006.




Traemos al escaparate de esta columna de crítica literaria, la obra poética de Maricel Mayor Marsán, poeta cubana, residente en Miami, desde donde esta dirigiendo la redacción de una revista que tiene vocación de hispanidad y unificación con la cultura americana: el español en el corazón del inglés americano, Baquiana.

Ahora nos importa la poesía de esta autora interesante e intencional, emocional, que aspira a recorrer la historia de los errores y de los adioses y tatuarla en la piel lectora para que comparta que el error se convierte en horror, y el adiós en “ajo en la herida”, como la propia Maricel escribe en el poema que titula “El adiós a la verdad”. Comparta el lector, decimos, porque la autora desea dejar huella de tanto destino como soplo de viento, de tanto mundo pulverizado entre los dedos, en la conciencia: que la conciencia es el elemento pleno de lo poético, el encumbramiento de la imaginación. Consigue Maricel co – implicar al lector en su envolvente palabra sin retórica, sin distanciamientos, donde se disuelve la prevención de la historia en la emocionalidad espontánea de lo cotidiano. Ya sea en el primer libro (la historia no era una sola/ eran muchas las historias), o en el segundo (Va por la ruta del silencio/ y no nos deja tan siquiera una pista)

La belleza de sus libros reside en la capacidad del verso de Maricel para co - implicar al lector, para envolverle sin retóricas ni artificios en la emocionalidad de un verso espontáneo. Co - implicar al lector tanto en la percepción de que el error del hombre es la división, la fronterización, el poner valladar al mundo, que resumiría, desde nuestro percepción, el primer libro, hasta desvelar a ese mismo lector que despedirse de los antiguos muros y fronteras es iniciar un nuevo mundo, en la manera de Cristo: el que pierde su vida gana su Vida, que resumiría el segundo libro que hemos presentado. Mensajes ambos que hoy en día pueden resultar a quien los oiga controvertidos, y en esta controvertidad consiste la originalidad de la poética de Maricel.

Controvertida, por la opción que toma en el primer libro, alinearse con el futuro. Cuando la intuición poética caminaría entre tanto error por un alineamiento en el nihilismo, Maricel alienta el futuro, como un soplo de ecos que vive entre todos y en tantos, nos muestra en su poema “El ser americano”.

Controvertida por la opción que demuestra en el segundo libro, frente a la continua ceremonia de adioses en la que el hombre conforma su entidad y excelencia, queda proponer el cristianismo, precisamente aquella frase de Cristo, sólo perdiendo se gana, un ganar virtual, que, de nuevo, es cristiano, ama al tú, que nos propone Maricel en su poema “El adiós que no quiero escuchar”.

Reside el interés de estos poemarios en escuchar el verso de Maricel, controvertido pero despojado de cualquier retórica, desde la sencillez de la palabra cotidiana, de la persona humana que reacciona espontáneamente ante el error y el adiós, ante el horror y la ineluctabilidad de la existencia.

Es agradable la lectura de estos poemarios que te embarcan en una manera distinta, diferente, de la forma poética, tan clónica en los diversos poemarios.

3/23/2008



López Navia, Santiago A., Sombras de la huella, Abadía Editores, 2006.


López Navia, fundador del grupo paréntesis, filólogo de formación y cervantino Quijotista de vocación, nos ofrece este libro poético, Sombras de la huella. Le conocemos como excelente director de extensión universitaria de la SEK, y como poeta que va construyendo su obra sin prisa pero sin pausa, presa de jugar con nosotros a la risa del verso erguido, para consolidarla dentro del panorama poético. Una obra que posee una escritura muy propia, llena de vínculos con la existencia, emparentada con el hombre de carne y hueso, y nos concierne.

Desde el mismo título, la sombra de huella, Santiago López Navia, nos acoge en su catarsis de creatividad. De una parte, la huella indica el rastro que nos llevará a lo que andamos buscando. Por otra parte, la sombra indica el reflejo de algo. Juntando ambos términos, que la huella que seguimos es sólo el reflejo de algo, no es huella original. La creatividad del autor nos conduce a desentendernos de la realidad para iniciar un juego de reflejos, a leer y conjugar con su guía, el resultado de ese juego de reflejos. El gozo de los sentidos es una perceptiva del reflejo. No en balde, este juego es el mismo del Quijote/Quijano/Sancho/Cervantes/Cide Hamete Benengeli. Un juego de reflejos de identidades. En la Primera parte ya gozamos de cinco poemas atribuidos a dos figuras “tristes y airadas”, poemas de ermitaño orante y desengaños existencialistas, pero cargados de esperanza y de ángeles erguidos “De Dios tuve lo que nadie da nunca/ lo que a todos les di, tan sin medida” o “Y firmo/ sin testigos/ cargado de esperanza pese a todo/ creyendo que la luz ha de llegarme/ más tarde o más temprano, que carajo,/aunque la sed de luz me ahogue ahora”.

La originalidad del autor, consiste en presentar estos juegos de reflejos a través de un lenguaje de marginalidades. La marginalidad primera del lenguaje de los ermitaños, aislados de sí, y que no dejan más huella que su propia oración como sombra. El lenguaje de quien se sabe fuera de sí y del mundo, en su mismísimo desengaño. A través del lenguaje cinematográfico, eligiendo personajes tan marginales como los de Río Bravo, prestos a morir al día siguiente o el de Christopher Lee, siempre Drácula, a sorber esa sangre que le convierta en otro; y otros actores, como el español Paul Naschy o ese esperpento de cara rocosa y ninguna cualidad interpretativa, Charles Bronson. Expresión característica de esta marginalidad es el poema navideño de Campanilla, y sus versos finales “Y es que soy muy pequeña, y sólo tengo/mis alas de cristal y un vuelo breve”.

Hay una intencionalidad doble en este poemario, ponernos ante una categoría como lo trágico, un ser humano desbordado por su marca, un destino adverso que debiera ponerle ante la huella de su impotencia; sin embargo, el tomarse esta tragedia a través de la risa, de su sombra nietzcheana, el placer que anida en la misma tragedia o su sombra, la sombra de la huella, la sombra del viajero, “Pero en el fondo/ detrás aún de este horizonte/ acaso muy detrás del fin de mí mismo/ está esperándome otro saco sin fondo de esperanzas/ y un kilómetro imborrable de huellas abiertas al tiempo”.

Y así, muy Nietzschanamente, muy Cervantinamente, López Navia nos dice que la belleza que buscamos en el mundo, en la lectura poética, no se encuentra en la luz ni el orden, sino que la Belleza esté en su sombra y en su huella, en la sombra y en la huella que el hombre realiza en el mundo “No creas que lo olvido/ yo ya sé/ que tú y yo somos el mundo”.

3/20/2008

Basallote Muñoz, Francisco, Libreta del caminante, Edita Consejería de Educación del Gobierno Andaluz, 2007.

Basallote Muñoz, Francisco, Calendario Manuscrito, Edita Ayuntamiento de Villanueva de la Cañada, Madrid 2007. Premio de poesía Encina de la Cañada 2007.

El poeta andaluz, de Vejer de la Frontera, sigue en su línea ascendente en la comprensión poética de la naturaleza, y nos ofrece los dos últimos trabajos en ese sentido, La libreta del caminante y el Calendario Manuscrito. Este último, se ha convertido además en el último premio de poesía que se entrega en Villanueva de la Cañada.

Francisco Basallote es una persona primordial, claro, sencillo y emocionante; y las tales características las refleja en su concepción de la poesía, cristalina. Los poemas de Basallote se construyen en un lenguaje elemental, fundamental e indispensable, esencial y primario, buscando transmitir los elementos paisajísticos que pinta. La poesía de Francisco Basallote, es pictórica, muy pictórica. Pinceladas construidas con una lengua viva y primordial, palabras posees el antiguo/ oficio de los ciclos”, para hacer evidente lo puro y palmario, casi palpable la naturaleza íntegra “en la claridad de la arena/ el silente abrazo de la mar”. En esta sencillez que emociona se encuentra la creatividad poética de Basallote. La natural fruición de la naturaleza en la natural sencillez, he ahí la elemental catarsis que comunica nuestro ser con el paisaje y la naturaleza, y emerge la belleza.

Cuando comenzamos a leer un libro, y más si es de poesía, buscamos de inmediato la atracción de lo extraordinario, un algo de más que resulte raro o extraño, al oído o en la sintaxis. Piensa el lector e incluso el crítico y el autor como autor, que la extrañeza, la rareza, configuran la originalidad de los que leemos. Así, en lo expresivo o representativo, en lo sensible o material, queremos hallar lo extraordinario, la rareza. En la simbología extraña, en la elaboración de ideas o sintaxis, en las palabras que se eligen y entrelazan. Si no hay rareza, no hay originalidad. No lo intentéis con Basallote, que su originalidad surge de inteligir la naturaleza con un lenguaje sencillo “la memoria es luz/ en esta puerta de Purchena/ donde el aroma de la tarde/ es tiempo revivido…” o “la misma espuma/ del sol en los castillos del viento;” : conjuga mar, sol, arena y viento, en los castillos, fusionando lenguaje y naturaleza, con originalidad que no necesita extrañeza.

Busca Basallote atrapar la armonía que expresa la naturaleza, esa armonía que se encuentra en la relación de la partes, y que él traspasa a su lenguaje, a sus poemas, y utilizando el contraste en la metáfora “bebe el agua de las clepsidras/ y sigue el ritmo de la sangre”, “la vega es fuego/ de llamas verdes”. Es curioso, que a través de la armonía y el contraste, se llegue a expresar y atrapar, la unidad de la naturaleza y el lenguaje. De esta manera, consigue el poeta que nos asombremos de la realidad que el poeta nos ha hecho observar, que deja de ser al de su Vejer natal, la del sur soleado, y se convierte en nuestra propia mundanidad. Si la poesía quiere sublimar la realidad, distinguirla y realzar, pero también evaporarla y volatilizarla, ennoblecerla al disiparla, la poesía de Basallote lo consigue “Un resplandor/ viste de luz las cosas,/ entre lo oscuro/ su palpitar/ es alegre lascivia/ como preludio/ adivinado/ de su cumplida gloria”.

Al ir leyendo, es evidente que nuestro poeta busca la expresión de la belleza apolínea, la belleza de la rectitud, del sol y de la luz, de la unidad. Sin embargo, la embriaguez que nos inunda, proviene de la junción de la naturaleza y lenguaje, y se la da el lenguaje mismo. Este lenguaje se implica con la naturaleza y la convierte en un puro reino onírico. El lenguaje de la claridad, de la sencillez, que impregna la armonía de la naturaleza con la embriaguez narcótica de la individualización.

Este lenguaje de la emoción, tan sencillo y puro, que la disipa, tan claro, que la honra, es el que nos reconcilia con la naturaleza.

3/15/2008


A FERMIN HEREDERO, por su libro “ALACENA DE TU PRENDA”. Rialla Editores, Valencia, 2000



Ya lo dijo el poeta: la hay que com - partir, porque la realidad se disimula así misma de triste manera; la hay que intervenir porque la realidad comparece siempre tal que se semeja impropia – y hasta cuando se asimila como la mía, me la arrebatan los demás.

¿Intentar hacer versos alegres – de la esperanza o de la pulcritud y de la esterilidad ante el blanco papel?– comparece la pregunta tan irreal, tan irracional, como la pretensión de que la poesía sea pura o perfecta (la única manera en que la entiendo, debo abrirle los brazos y acostarla a mi lado, compartiéndola en la obscenidad de una lectura con alguien que desnuda su alma, qué terrible acaecer como sarnoso amante compartido: y portar al poeta) y sólo así permitir la entrada en mi casa (donde ni siquiera una palabra mía es una palabra tuya o es una palabra nuestra) a un verso.

En cada mirada un verso: como aquellos pobres amantes que tanto les daba el buen coito como un pulcro soneto y se lanzaban desde las tapias enredados en sus sexos o en sus sonetos – al caso, lo mismo sea y con tanto amor podamos construir un próximo verso o un próximo coito, por si el acaso rutinario, y acontezca cual semejante el divertido di – verso o bi - verso.

¿Entiendes ya porque no se pueden hacer poemas de la alegría, con alborozo, a la jovialidad? Respuesta: porque tras el coito adviene la tristeza. El hombre es el único animal que entristece tras el coito – y algunos de ellos fuman cigarrillos para matarla y quienes escriben poemas (penados, por supuesto) para apesadumbrarse con la tristeza y recordar el coito y el soneto, para atrapar la tristeza en las propias redes de lo incierto, pongamos por caso, lo que hay en ella de mí, este pobre yo.

El coito y el soneto, tales armas para atrapar la tristeza, y quizá un lamento que siempre provoco para admirarte y concienciarme de que es posible el verso, tal que pellizco que nos abre los ojos a un espacio diferente y siempre ya más cuajado por la tribulación.

El penúltimo verso: lo escribe un poeta amigo adicto a todo, que no halla el verso ni el poema ni la perfección ni el coito y se abre las venas e inscribe en el frío mármol un postrero R.I.P. – y es probable que esto nadie lo denomine bajo el rótulo de tristeza: oh! Sí, Dioses y Diosas de la vida.

2/25/2008

Hermanos en la urdimbre
En la última edición de “Con voz propia”, preguntaba el amigo Ricardo Ruiz si la poesía tenía lugar, es decir, si había poesía de aquí y allá y acullá.
En ese momento, la pregunta me tomó in albis (país cercano a la poesía) y respondí cualquier barrabás – ada (líbrele el cielo que no yo) de la que además te sientes satisfecho de ego – latra (que es enfermedad de poetas y políticos).
No dejé de personarme en la puñetera pregunta y ya de manera ultórcrata, cuando llega a las manos el buen artículo en “El Adelantado” de Segovia de quien me adelanta a la respuesta, el gran amigo Apuleyo Soto (poeta versado y barbado, como Valle y niño que juega a las palabras “pa que abras” a la vida y el humor como Quevedo), Apuleyo sin más para los amigos e imberbes (como yo mismo, no por poeta y sí por imberbe y Francisco Puch), que dice que la poesía es “los amigos umbilicales”. Y cómo me gana esta maravillosa, preciosa, precisa, porque hace referencia al ombligo, a la unión y alimento, al punto medio (¿también al Aristotélico?), a los manuscritos, a la conclusión, y, además, al sol y sus cuadrantes estelares.
Pero quizá me gana más, querido Apuleyo, porque me retrotrae a otra palabra que degusto siempre “urdidumbre”, palabra que traduce la platónica “Symploké” en la que se encontraban las ideas. Y es que los poetas también están en Symploké, interunidos, intertejidos, entretejidos, entreverados (adivinos del desorden, sospechosos del caos), entremetidos y entremezclados, siempre relacionados, interrelacionados y siempre en la necesidad de expresar dicha relación.
Pero dudo que la tal urdimbre constituya una patria, más bien, como dice Osés, una fatría (y cabe Fermín, Jorge, Oscar, Heliodoro, Eliseo, Pedro, Juan C., Bouza, Bernardo, Alberto y hasta los que se autoexcluyen a la últimidad por divinos) y como quiere Octavio Uña, de comunicación.
Gracias a Apuleyo, dadas le sean, le respondo a Ricardo Ruíz que la poesía es la fatria de los hermanastros en urdimbre y ese es su lugar, su único lugar
Lo demás, poesía hispánica, gallega o comanche son sólo desafortunadas expresiones de la nostalgia del tradicionalismo y hasta propias del psicoanálisis cultural.

2/11/2008

Uña Juárez, O.; Hernández, A.; Diccionario de sociología, Editorial, ESIC, Universidad Juancarlos I, Madrid, 2004.
He aquí que adviene al panorama editorial un nuevo Diccionario de Sociología, editado por la ESIC y dirigido por los Catedráticos de Sociología Octavio Uña Juárez y Alfredo Hernández Sánchez, el primero de la Rey Juan Carlos, el segundo de la Universidad de Valladolid. Se cierra de esta manera un proyecto que se inició hace ya diez años, en 1993, y que ha tardado en romper el cascarón editorial porque siempre creció sobre la base de la calidad en la redacción formal/ material de los términos.
Octavio Uña y Alfredo Hernández son sinónimo de buen hacer en el trabajo, de que no habrá habido ninguna imposición de directrices y sí mucho acompañamiento en la labor, lo que denominaríamos “con – trabajo”. Por supuesto libertad en la elección del camino teórico que se debiera recorrer por parte de cada uno de los colaboradores y libertad a la hora de componer la voz para el diccionario, así como a la hora de proponer la bibliografía a consultar y aclarador.
Tanto Alfredo Hernández como Octavio Uña son personas dinámicas dentro de la actual “inmovilismo” teórico al que se ha acostumbrado la mayoría de la universidad de España, que en vez de ser “Uni - diversa” se ha conformado con aparecer como “uni – versa – da”, un dinamismo que saben trasmitir a todos aquellos que colaboran en este diccionario, de manera tal que todos los colaboradores y los coordinadores parece compartir un mismo sentimiento o finalidad, la de estar colaborando en una obra de consulta abierta, interdisciplinar y multidisciplinar, plural y aperturista, nunca oclusiva y transitiva, porque, de facto nos habla en todo momento de la totalidad de conceptos y nombres acaecidos en la sociología, y en las ciencias sociales que la trasversalizan, de España y del Mundo. Este sentimiento común lo encontramos en el hecho, por ejemplo, de que todos los conceptos, a pesar de estar compuestos por personas distintas, se interrelacionan perfectamente, haciendo comunidad, es decir, se refieren los unos a los otros como constructores de una ciencia y a pesar de la diferencia de avatares en los que fueron diseñados, y mantienen esa diferencia como lo fundamental que los caracteriza.
El diccionario se constituye en referir cerca de mil ochocientos términos realizados por cerca de trescientos colaboradores. Estos términos son principalmente de Sociología pero, a su vez, encontramos términos de ciencias transversales a la Sociología y que la amplían y la explicitan históricamente, como son la Filosofía, la Psicología Social, la Historia del Arte, la Economía, la Antropología social y filosófica, la Lingüística o la Teoría de la Comunicación. Por supuesto, el corpus principal del diccionario está constituido por aquellas voces principales dentro de la ciencia sociológica, los términos esenciales de esta ciencia, tanto si son términos teóricos así si refieren a algún autor relevante de la Sociología. En este punto cabe destacar el exhaustivo viaje que nos realizan por la historia biográfica de la Sociología Española, amén de todos aquellos sociólogos que en el ámbito internacional han sido relevantes.
El otro corpus de términos lo conforman los provenientes de la filosofía, en todas sus ramas, y, por supuesto, los autores filosóficos pero tomados en cuanto lo que aportaron a la ciencia Sociológica y a la Política.
Otro corpus de términos destacable es el que se dedica a las “regiones” de la sociología, a las diferentes especializaciones de la sociología, y que va desde la sociología cognitiva hasta la sociología de la literatura; desde la sociología de la ciencia y la técnica hasta la sociología de la edad; desde la sociología de la salud a la sociología de la sociología (metasociología).
También merece destacarse la buena y gran atención que se dedica a la teoría de la comunicación, y a la comunicación como el componente social vertebrador y edificativo, en particular, de sociedades e individuos, de empresas y movimientos alternativos al poder.
Otro elemento a destacar es la relevancia que se concede a la Hermenéutica, esa corriente filosófica nacida en el siglo XIX de varias firmas importantes filo – sociológicas y que en España se halla perfectamente representada en la figura de A. Ortiz – Osés y su escuela “deustense”.
La extensión de los términos no es una cuestión relevante, ya que parece que los propios colaboradores en la redacción del diccionario se han extendido lo que entendieron que era necesario para la comprensión del término.
Pero si merece destacarse la bibliografía, que es exhaustiva y parece concretarse en lo que se puede encontrar publicado en español de cada uno de los términos. Otra característica que hemos encontrado con respecto a los términos es que los coordinadores del mismo decidieran agotar el campo lingüístico de un término, incluyendo todas las voces posibles. por ejemplo, cibercultura, ciberespacio, cibernética, y que nos permite conocer suficientemente este campo semántico de términos, realizado por autores distintos, pero, a la vez, nos permite la posibilidad de tener a la mano una amplia bibliografía para propiciarnos un conocimiento en profundidad de dicho término. Y esto mismo se produce con una multiplicidad de términos a lo largo del diccionario. Con lo cual se ve que los coordinadores tenían in mente que fuera no sólo una obra de consulta básica para cualquiera que desee acercarse al conocimiento de la sociología y de las ciencias sociales o para el estudiante de estas ciencias, si no también para todos aquellos que precisan de una gran información sobre estas ciencias y con profundidad para la realización de trabajos específicos o tesinas, como para aquellos doctorandos que precisan de una primera mano tras su elección temática o para iniciar esa elección temática.
También cabe destacar la elección de los términos que se explican a lo largo de la obra. Junto a los términos ya clásicos dentro de la Sociología o dentro de las ciencias transversales a las mismas, encontramos otros no clásicos y que, además, podemos decir que hasta hace nada, eran términos de absoluta incorrección en política académica y de investigación. Nos referimos, por cierto, a términos que tienen que ver con la política de España en el periodo comprendido entre 1939 – 1975 y otros periodos históricos que se identificaran con éste, como Cruzada, Bandolerismo, Cofradía, etc.
Efectivamente, si durante ésa época términos con raigambre en la izquierda fueron clausurados, durante la transición estos otros términos fueron a su vez clausurados. Y es que España, e su pasado, cuanta con muchos conceptos que se repudian, hijos del prejuicio.
Sin embargo, corriendo como corre el año 2003, se hace necesario acabar con estas clausuras simplemente venidas de la tristeza ideológica, y tratar toda conceptualización de teoría política con la debida pulcritud y seriedad de investigador que no toma partido ni se rasga la vestiduras, sino que sabe que su función cosiste en poner al alcance de quien se acerque a conocer la realidad sociológica, la totalidad de esa realidad sociológica, sin ejercer la función de obturador de realidades. Un diccionario, sea de la disciplina que fuera, ha de dar una visión “perspectivística” de la realidad, como decía Ortega y no ofertarla con el “muñón” para generar de principio un sentimiento de animadversión a esa realidad; por supuesto, tampoco de simpatía. Por decirlo en facies filosófica, a de quedarse en el ti ón, el primer modo aristotélico esencial, el qué es. Y creemos que el diccionario cumple con creces este cometido y evita, de esta manera, generar más hijos del prejuicio, más conceptos a la clausura.
Decir que todos los colaboradores del diccionario son autores españoles, no es decir algo novedoso, porque existe en el mercado otros muchos diccionarios de sociología o de las disciplinas de las ciencias sociales, realizados por autores españoles, ya sean estos diccionarios comunes o de un solo autor. Este es un diccionario, otro, de los realizados por los investigadores españoles. Y decir esto es altamente satisfactorio, teniendo en cuenta que hasta ha bien breve tiempo, toda obra de consulta era mera traducción al español de obra francesa, alemana, inglesa, etc. Hoy, la obra de consulta realizada por investigadores españoles comienza a ser amplia y relevante, es decir, consultada, que es su fin. Lo que también resalta en este diccionario con respecto a los colaboradores es el hecho de que todos ellos pertenecen a las Universidades de nuestras Comunidades Autónomas o bien a alguno de los Institutos de Enseñanza Secundaria de nuestras Comunidades Autónomas. Y aquí encontramos otra de las peculiaridades de este diccionario, que al lado de consagrados Catedráticos de las diversas Universidades, encontraréis a profesores de Secundaria. Efectivamente, al final del diccionario, en el índice de autores, junto a los nombres de conocidos catedráticos de universidad, aparecen los nombres de profesores de instituto, componiendo, y creemos que por vez primera, una colaboración entre ambos niveles de enseñanza, que no de investigación, y que era tan deseada por los diversos espíritus de las diversas leyes de enseñanza.
Mirando el índice de autores también se cae en la cuenta de la diversidad de enfoques teóricos que lo pueblan. No hay un enfoque teórico uniforme, cosa que no es de desear en ningún proyecto, ni, menos aún, la visión teórica de una única universidad – no en balde, encontramos profesores de secundaria. Se pudiera definir este diccionario en su resultado final como un proyecto realizado desde la diversidad teórica (y, por ende, ideológica). No es una obra que se pueda apreciar desde una unidad de teoría o de ideología. El índice de autores habla más bien de una amplia gama de teóricos de la ciencia sociológica y investigadores de la ciencias sociales, tanto desde el punto de vista de sus filias teóricas, científicas, y el desarrollo de sus propias especialidades. Y si el criterio que ha llevado a elegir una de las versiones de los términos es la pulcritud y la exactitud en la realización formal/material del término, quiere decirse que todos los autores que se encuentran en el diccionario son los que debieron estar y que no cabe la disquisición sobre si falta alguno (porque sobrar, no sobra nadie).
El diccionario que estamos recesionando creemos que supone un paso definitivo en la asunción de nuestra cultura, con la pretensión de ofrecer una visión global de lo que ha supuesto el desarrollo de la sociología, y se realiza tanto desde un plano biográfico como desde la definición de los conceptos generados, tanto en nuestro país como en el mundo.}
Y se realiza esta visión global desde una panorama liberal, sin partidismos, como creemos que es la sociedad española actual. Asunción desde el plano teórico y de investigación que se hace precisa.
Damos la bienvenida a esta obra de consulta, que ve la luz tras diez años de esfuerzo por parte de sus coordinadores y de los colaboradores. Obra que se presenta como pulcra y se decanta por la calidad en la realización formal / material de los términos que presenta, desde una perspectiva global abierta y liberal, sin partidismos ideológicos ni teóricos ni científicos, con una total libertad en la composición de los términos por parte de los colaboradores. La calidad que presenta y la exhaustividad en el tratamiento de los términos, la harán una obra indispensable en el panorama de las obras de consulta de la Sociología y de las ciencias afines a la misma.

1/15/2008

Joan Gomper: “Teoría de la Presencia”, Editorial Celya, Salamanca, 2004
Se publica en la editorial Celya, la última obra de Joan Gomper, una mezcolanza de poesía versicular y poemillas de ciudad, “cuasi Damasianos”, alonsamente sanchianos, podemos decir.
El título no proclama lo que el interior desvela, pues parece que nos encontremos ante un libro de proclamación teórica de una estética del mundo. He de decir que yo mismo creí, antes de verlo y leerlo, sólo como título en un catalogo, me enfrentaría con un texto extenso de estética, y proviniendo de Gomper, con toda seguridad polémico, discutible en todos los puntos tratados, polemizador, dialogante, elegante y clásico. Cuasi una cuestión quodlibetal.
Memos mal, era un libro poético. Un libro poético de Gomper no pierde nada de lo dicho, ni de estética ni de polémica. Y con ello nos enfrentamos, y a ello os enfrento.
Teoría, contemplación, actuación del entendimiento teórico, búsqueda del conocimiento, de la sabiduría, clásica traducción de Teoría del título. Teoría en este caso, búsqueda de las raíces, de la infancia, de la adolescencia, de la actualidad, en un trozo de paisaje, en una ciudad completa, en un arribe del Duero, en una ciudad perdida. La teoría siempre tiene proutsianismo, por ser búsqueda. Será porque como explica el propio Gomper la “flor de almendro no se limita a caer”. Esta búsqueda es, desde el principio, búsqueda de la identidad, y se plasma en Castilla y se concreta en un “castillejear” como santo y seña, una búsqueda de Castilla en Castilla. , búsqueda poética “una voz un instante/ en medio de la tierra”.
Presencia, asistencia personal o asistencia de la persona que se halla delante de otra o de otras en el mismo paraje que ellas. Los parajes, los paisajes, sin que se hallan presentes en esta poesía, en esta poética de la presencia. Todo lo demás, las personas y lo personas, parece desaparecido, porque un dios no guía la mano, porque un dios no se entregó a la bruma, la memoria de las personas desaparece. Es que las personas, su presencia esta en la distancia, en las naves espaciales que vuelan a la luna “que todo el tiempo de este mundo/ todo el fuego artificial del verano/ tu perfume tuyo en mi dedo/ mi anorgasmia mis oraciones/ se lleven, como un tango, la luna”. La luna siempre permanece. Para este punto, resulta esclarecedor e importante las palabras / pórtico de Celia Bermejo.
La Teoría de la presencia de Joan Gomper se edifica como la actual memoria de una especie poética de Castilla, que se siente perdida pero sabe dónde buscar la identidad, en el paisaje, en la lluvia, en el pan de cada día, en el manantial, “sin amnesia sin temer estar siempre y respondiendo”. Castillejear la poesía, las palabras como puerta de Ávila que el propio Gomper ha dispuesto ante su libro.