11/17/2006

El corecero herido
Jorge Villalmanzo, Círculo adscrito (por penumbra y reflejo), Celya, Salamanca, 2003
Aunque ya hace tiempo de su salida al público, a los demás (triste sería y serio que la poesía saliese al mercado) nunca está demás recuperar lo que se hizo a comienzo de año, como si pretendiéramos con ello, hacer balance. Pues en un país en el que se edita tanto (son tres mil quinientos libros de poesía anuales los editados), es propio distinguir al año lo bueno, de lo malo, lo que es aprovechado leer, de lo que no se puede leer ni aunque uno se encuentre suficientemente preparado para el suplicio. Así que por ello recuperamos el libro de Villalmanzo, para que quede como nota de lo bueno, anécdota de lo aprovechado que le sienta a uno la lectura de este círculo adscrito, al que todos, desde luego, deberíamos adscribirnos.Si el mundo es puramente erótico, la poesía lo es en su totalidad y no deja reserva a ninguna otra impronta que no sea lo erótico. Lo que amamos, que es siempre lo que deseamos, aquello en lo que resultamos deficitarios, y el libro de Villalmanzo nos con – muestra uno de esos deficitarios de hoy: la búsqueda de lo infinito, el sentido elevado de lo cotidiano, el esplendor dorado de lo desconocido – tal así que hasta lo conocido es mejor velarlo... “reconozco en el velo...”. ¿Nos con – muestra? Sí, con nos muestra y con ayuda de otros. Y es que este libro de poesía, resulta que se implica el autor, el lector, y un señor de barbas que hace un prólogo que es una parte más, e importante, del propio libro, un trío sensual (manage a trois), en el que se suda tinta a chorros, tanta, y como dice Bernardo Cuesta, que no sabemos lo que estamos haciendo, o quizá, te amplio Bernardo, robando nuestra alma inocente a los dioses en su propio espacio...La búsqueda de lo infinito... cuando lo cotidiano es incontenible, que desborda sea la mirada o una sonrisa, no cabe más solución que la mirada al infinito, lugar propicio para el cambio y la sonrisa, aunque bien sea cínica o real, siempre mágica, transformativa...El sentido elevado de lo cotidiano, la noche, el mundo nocturno, el mundo velado, ahí se prefigura al escritor, al poeta, que se encuentra la transformación, el núcleo apropiado, el espacio queriente, de la realidad; y a la consecución hay que lanzarse de que con todos los libros con lo que dormí sean “caballos con arena hasta el filo”.El esplendor dorado de lo desconocido o la realidad del circulo adscrito, que además reconocemos de antemano como la perdida: un juego que puede hasta estar trucado, que nunca somos capaces de evadirnos de su desarrollo; incluso si debiéramos rectificar (esta critica, por ejemplo, esta recesión, quiero decir, o al menos este comentario) no seremos capaces de engrandecer el error. Por eso sólo cabe caminar la noche y perderse en ella por si en una rendija amaneciera la luz.... “con cada nueva apertura realizada, / un nuevo nivel de conciencia elimino de mi ser”.Es delicioso, aunque acabe uno con la sensación de que la noche no iluminó su pupila, lanzarse de lleno a este manage a trois, con el autor y su prologista, Jorge, Bernardo y yo, al encuentro de la herida, a la propuesta de la sutura. Y, si no se sutura, no importa, que eso puede que sea la poesía: una de – suturación que me implica en la vida, en tu erótica.

2 comments:

mirelha said...

Buenas noches,
El Bernardo Cuesta se quién se habla en tu texto seria de Burgos ? Tenia un buen amigo así llamado y lo he perdido de vista. Me puedes aclarar ? Muchísimas gràcias y perdón por mi castellano que se me va perdiendo.

JM. Prado - Antúnez said...

Sí, el bernardo Cuesta al que se menciona en el texto, es un señor de Burgos, que trabajaba en la Diputación, y que, recientemente, se ha jubilado. Un fuerte y fatriarcal abrazo