9/26/2007

El último día de mi vida
Izquierdo, Marcial, El último día de mi vida, Ed. Bruño
Éste es el título que ha decidido poner a su primera novela el autor burgalés Marcial Izquierdo. Novela que edita Bruño, y que aparece en un esquema de novela breve, juvenil, y dirigida a un público adolescente, entre los doce y los… Precisamente, una lectura ingenua de la novela, nos abocaría a contestar en los puntos suspensivos, dieciocho…
Porque la novela, en un registro reductor de su lectura, nos lleva a un mundo juvenil, donde los adolescentes que pululan por la misma, semejan criaturas indolentes que esperan la campana que indica la finalización del tiempo pausado, para iniciar, acto seguido, el tiempo de la ruptura, el tiempo “online”, que es un acto seguido sobre puntos suspensivos.
La novela breve y de lectura que engancha, se inicia en el principio de un día normal, donde los adolescentes lesivos que la protagonizan, centran su vida en que llegue la noche y todo el alcohol que les inunda, les induzca a renunciar al amor y a la vida en el acto egoísta de demostrar su propia iniciativa impulsiva, su thanatos vital.
Esta lectura merece la pena, como un momento transversal en el aprendizaje que nos procura el propio desarrollo como personas.
Una lectura menos reductora, ampliaría la edad a la que va dirigida la novela, convirtiéndola en una novela para mayores con reparos metafísicos.
Efectivamente, esta segunda lectura se iniciaría de raíz en el propio título, y cabalgaría a través del mismo. Asistimos al último día de mi vida, de su vida, de nuestra vida: un último día que puede ser hoy mismo, ahora…
Perplejos comprobamos que a pesar de que va a resultar el último día, no nos invade, en ningún momento, esa serena sensación de posteridad con la que maquillan a los personajes cinematográficos.
Nunca sabemos si vivimos ya el dorso de nuestras vidas, el instante donde sólo se precisa ir manejando esas últimas palabras por las cuales nos recordarán. Hoy pienso que quizá ni siquiera sean palabras dictadas en la ultimidad del suspiro de finalización, sino convencidas palabras que surgen de aquellas personas que viven en la querencia de la posteridad, a la retaguardia del desarrollo vital.
Esta lectura nos urge encontrar respuesta a la ausencia de este sentimiento de posteridad, que configura el rostro de la sociedad actual, donde nada de lo que ocurre es vicisitud, efecto y orden.
Una tercera lectura de las posibles, nos presenta el libro entero como una sola pregunta que requiere nuestra atención, una posterior reflexión para alcanzar una respuesta. La pregunta es simplicísima, ¿qué es la amistad?
Todo el libro esta configurado por esta pregunta, como si las propias letras saltaran de un lado a otro y, ante nuestros ojos apareciera siempre. De esta manera, el autor revela la necesidad de posterioridad que nuestra época ha ocultado, y, por otra parte, nos dirige al real concepto que no parece conformar a la persona ética, la amistad. ¿Adhesión? ¿Intimidad? ¿Lealtad?
Esta lectura hace que el libro se dirija a todos, pero, especialmente, a aquellos que deben hacernos crecer como personas, a los educadores o padres, o al padre que todo niño lleva dentro (y todo adulto, por cierto)
El último día de nuestra vida no es un día online, no es un día egoísta, es un día donde la posteridad se halla como raíz del que emerge, y que se eleva sobre los pilares de la adhesión, la lealtad y, por qué no, la intimidad. No en balde la comprensión filosófica de la Vida sólo se alcanza cuando se urdimbra la misma con estos mimbres.


1 comment:

Luis Amezaga said...

Me apunto la recomendación. Y me alegro de verle reencarnarse.